De hecho, en la literatura religiosa, la palabra kasher se aplica a cualquier comida preparada de acuerdo con la halajá (la Ley Judía). También se refiere a la persona decente que vive su vida de acuerdo con las enseñanzas religiosas desde todos los puntos de vista; se dice que es una persona kasher (adam kasher).
Un llamado a la santidad
Las leyes dietéticas judías no prescriben solamente una dieta para el cuerpo sino también para el espíritu. Si bien es una dieta que mantiene el bienestar físico, su objetivo principal es mantener el bienestar espiritual. Aún cuando algunas partes del código de la kashrut tratan de enfermedades y daños a los órganos que transforman al animal en trefá (no apto), por razones que son evidentemente higiénicas o relacionadas con la salud, y aunque los judíos nunca pusieron en duda el contenido higiénico de las leyes dietéticas (los mandamientos del Señor no pueden ser sino beneficiosos para el hombre en todos los aspectos, tanto físicos como espirituales), las consideraciones higiénicas o de salud no fueron tomadas como el primer objetivo de la kashrut. Más aún, la limitación de los animales que pueden ser consumidos, las exigencias de matanza ritual, la eliminación de la sangre del cuerpo, la no cocción de carne y leche conjuntamente, no soportan la validez de la teoría de las "antiguas medidas de salubridad".
La única alusión o indicio que proporciona el texto bíblico por sí mismo en lo referente a las razones de todas estas regulaciones es la de que en casi todas las instancias donde la Torá se refiere a las leyes de comida, encontramos un llamado a la santidad. En Levítico, Capítulo 11, por ejemplo, al final de la sección que se dedica a especificar lo que se puede y lo que no se puede comer, el capítulo concluye con el llamado: "Porque yo soy el Señor, vuestro Dios; vosotros os santificaréis y seréis santos, porque Yo soy santo" (Levítico 11:44).
Un resumen de las leyes de la Kashrut
Las leyes de kashrut no están aisladas de los propósitos y fines, de las disciplinas y las exigencias que son parte del cuadro total del judaísmo. La kashrut es un buen ejemplo de cómo el judaísmo eleva inclusive los actos más mundanos, las actividades más rutinarias, hasta el nivel de una vivencia religiosa.
Todas las leyes juntas conforman el concepto general de kashrut.
- La primera regla indica qué animales nos es permitido comer y cuáles está prohibido consumir.
Esta norma se aplica a animales, aves y peces, existiendo señales específicas para cada especie.
- La segunda regla prohíbe el consumo de animales puros cuando se encuentran en las siguientes condiciones: "Ever min Hajái" prohíbe comer carne arrancada de un animal; "Jélev' prohíbe consumir la grasa que se forma bajo el diafragma; "Dam" está prohibido beber sangre, aunque sea de un animal puro.
- La tercera regla exige la "shejitá", el sacrificio del animal según las leyes rituales de la Torá.
- La cuarta regla, "Basár Vejaláv", nos indica no cocinar ni comer carne junto con leche.
Alimentos permitidos
* Todas las frutas y vegetales.
* Todos los animales que tienen la pezuña hendida y son rumiantes, tales como ganado vacuno, ovejas y carneros, cabras y chivos.
* Todos los peces con aletas y escamas. La anguila, el tiburón y los mariscos con caparazón, tales como ostras, cangrejos y langosta no están permitidos. Tampoco deben comerse los huevos de peces que no sean kasher.
De acuerdo con un fallo del Comité de Leyes y Costumbres de la Asamblea Rabínica del Movimiento Masorti (Conservador), el esturión y el pez espada son kasher.
* La mayoría de las aves domésticas, tales como pollos y gallinas, casi todas las especies de patos, gansos, pavos y palomas. En cuanto a huevos, sólo están permitidos los que provienen de aves kasher.
La Biblia no menciona reglas generales para distinguir las aves kasher de las que no son kasher; pero sí contiene listas específicas de las aves que pueden comerse. En base a estas listas, el Talmud ha llegado a la conclusión de que las aves deben poseer las siguientes características para que puedan comerse: no pueden ser aves de caza; no deben tener un dedo frontal; deben tener buche; su estómago debe tener doble piel para que pueda separarse fácilmente; deben ser capaces de atajar alimentos arrojados al aire, pero tenderlos en el suelo, desosándolos con el pico antes de comerlos.
Shejitá
La prohibición de beber sangre y comer "los miembros de los animales vivos" sienta las normas, rígidas pero sagradas, para quitar la vida a los animales de acuerdo a la ley hebrea. La única manera de hacerlo es seccionando instantáneamente la arteria carótida del cuello.
La sangre mana a borbotones, el cerebro se queda sin riego sanguíneo al instante, el animal pierde el conocimiento.
El resto no son más que reflejos musculares, a los que el animal es tan ajeno como un hombre sumido en coma, y la muerte es rápida y misericordiosa. Esto es lo que dicen los fisiólogos. Las declaraciones de los científicos, recogidas para defenderse de las acusaciones de que se ha hecho objeto a este sistema, demuestran que proporciona una muerte rápida y misericordiosa a los animales, exenta por completo de sufrimientos.
Estas rigurosas normas para asegurar una muerte sin dolor son parte integrante de la Ley de la Kashrut. Si se omite cualquiera de estas precauciones, la carne se considera trefá (impura), y no puede ser consumida.
El golpe mortal debe ser uno. El más pequeño movimiento ya lo descalifica, y mucho más un segundo golpe, un golpe que aturda el animal o cualquier otra forma que le inflija dolor. El filo del cuchillo debe estar tan afilado como una navaja y sin ninguna mella; la más pequeña muesca ya hace inservible la carne por desgarrarla. El animal debe permanecer absolutamente inmóvil en el momento de recibir el golpe mortal, para que el cuchillo pueda cortar su carne sin impedimento.
Los diestros matarifes profesionales (Shojatim) son los encargados de esta tarea.
Los shojatim también examinan el animal muerto tratando de descubrir en él señales de enfermedad, que desde hace miles de años convierten a la carne en impura. Generación tras generación ha contribuido a crear la buena salud proverbial imperante en las comunidades judías. Cuando la carne pasa al consumidor, existen otros procedimientos para extraer de ella los residuos de sangre que pudiera contener.
Con mucha frecuencia el oficio del shojet, con la experiencia acumulada, pasa de padres a hijos. |