SOBRE LOS LÍMITES EN EL USO DE LA FUERZA
Amos Oz
2 de junio, 2010
Durante dos mil años los judíos conocieron, a latigazos, el poder de la fuerza sobre sus espaldas. En los últimos decenios, tenemos fuerza. Y esa fuerza nos genera, una y otra vez, aturdimiento.
Una y otra vez, nos parece que cualquier problema que se presenta, en nuestro camino, puede resolverse a la fuerza. Para quien tiene en su mano un martillo grande, dice el refrán popular, cada problema aparece como un clavo.
Desde el período de la colonización, hubo importantes sectores judíos que no reconocieron los límites de la fuerza y pensaron que, con ella, se conseguiría todo. Afortunadamente, en los primeros años del Estado, lideres como Ben Gurion o Eshkol, reconocieron los límites de la fuerza y se cuidaron de no traspasarlos.
Desde la Guerra de los Seis Días, Israel se encuentra sumergido en una norma fija: "Lo que no se puede conseguir a la fuerza, se consigue con algo más de fuerza".
El bloqueo israelí a Gaza se convirtió en uno una de las frutas podridas de esa concepción. Surge del supuesto erróneo que es posible ganarle a Hamas a la fuerza o, con mayor amplitud, que es viable aplastar el tema palestino en lugar de resolverlo.
Pero Hamas no es solo una organización terrorista. Hamas es una idea; una idea desesperada, surgida por la desilusión y la frustración de muchos palestinos.
Nunca una idea triunfó a la fuerza; ni a través del bloqueo, ni por medio del bombardeo o la destrucción de un encadenamiento de tanques ni con la ayuda de comandos marítimos. Para hacerla triunfar hay que presentar otra idea, más atractiva, más aceptable.
La única vía abierta ante Israel de torcer las piernas de Hamas, consiste en acordar, cuanto antes, con los palestinos sobre el levantamiento de un estado independiente, en los límites de 1967, cuya capital sea Jerusalem Oriental; firmar con Abu Mazen y su gente un acuerdo de paz y, de ese modo, reducir el conflicto israelí-palestino a un conflicto israelí-gazarí y, al conflicto israelí-gazarí, se lo solucionará solo por medio de la negociación con Hamas o, más aceptable, a través de la articulación de Hamas y Fatah.
Si Israel frena a otros cien barcos que navegan hacia Gaza, si Israel sale otras cien veces a conquistar la Franja, si Israel acciona, una y otra vez, su fuerza militar, policial y secreta, no solucionará el problema. Y, la cuestión, es que no estamos solos en esta tierra y tampoco los palestinos están solos en esta tierra. No estamos solos en Jerusalem y tampoco los palestinos están solos en Jerusalem. Mientras no reconozcan, palestinos e israelíes, las conclusiones comprometedoras de esa simple evidencia, viviremos todos en situación de bloqueo permanente: Gaza bajo el bloqueo israelí. Israel bajo el bloqueo árabe-internacional.
No desestimo la importancia de la fuerza. La fuerza nos es indispensable. Sin ella no sobreviviremos ni un solo día y ay! de quien desestime la fuerza. Pero tenemos prohibido olvidar, ni un solo momento, que el poder de la fuerza consiste solo en impedir: impedir la destrucción de Israel y ser conquistada e impedir el daño a nuestras vidas y elecciones.
Cualquier intento en el uso de la fuerza (no para impedir y no para la defensa propia sino para el aniquilamiento de problemas y el aplastamiento de ideas) nos traerá más y más desgracias, del tipo de la que nos provocamos en las aguas internacionales, en el mar abierto, frente a las costas de Gaza.
PREGUNTAS PARA AMOS OZ
Dina Porat
13 de junio, 2010
Sus palabras sobre "Los límites de la fuerza" me sorprendieron y le pediré que aclare algunos de los puntos centrales. Destacó que Hamas no es solo una organización terrorista sino que, Hamas, es una idea. ¿Qué idea es Hamas? La Carta Constitutiva de Hamas, publicado en agosto de 1988 y que, desde entonces, no se modificó, sintetiza las ideas del Movimiento y dice, del modo más brutal, que "La salida del círculo del conflicto con los sionistas es considerada una máxima traición y un insulto de sus realizadores"; que "Israel existirá hasta que el Islam la borre", dado que se trata de un terreno sagrado religioso, al que no se debe renunciar; que la bandera de la Jihad, "Será izada para liberar la tierra de la inmundicia y los males de los sionistas" Los judíos son el peor enemigo. Actúan como nazis y los Protocolos de los Sabios de Sión lo demuestran.
Seguro que no se refirió a esas ideas. Entonces, ¿a cuáles?
"Es una idea desesperada surgida de la desilusión de muchos palestinos", escribió. Y, siempre, sus palabras resultan mágicas. Pero, ¿acaso la frustración y la desilusión deben, con obligación, conducir a la violencia sin concesiones, hasta borrar a quien es considerado el enemigo?
A fines de los años 20 del siglo pasado, el mundo cayó ante una terrible crisis económica. Millones perdieron su mundo. En Estados Unidos surgió, de la crisis, un programa. En Alemania se reforzó el partido nazi y, luego, accedió al poder.
Escribió: una idea desesperada. En ese término "desesperado", impuso toda la responsabilidad de la presente situación sobre Israel y, de hecho, dijo que Hamas, y antes, la OLP y, antes de ella, los fedayines y antes, los árabes de la Tierra de Israel, presentaron desde el levantamiento del movimiento sionista, ideas para una solución lógica de partición de la tierra y, los sionistas, se negaron. En 1936, la Comisión Peel propuso partir la tierra. En 1947 resolvió sobre ello la Asamblea de Naciones Unidas y así, en adelante, hasta las ofertas de los últimos años. Pero, Israel se negó hasta que los árabes -que no tomaron ningún camino violento- se decepcionaron y no les quedó más que tomar por la ruta del fanatismo. Es claro que tampoco se refirió a eso y me pregunto ¿por qué?
"Para que triunfe una idea se debe presentar otra idea, más atractiva, más aceptable". También esa es una frase que sensibiliza el corazón. Ojala fuese posible hacer triunfar una idea a través de otra. Porque seguro que sabe que, las guerras en la historia, nacieron no solo por intereses contrapuestos sino, también, por ideas posicionadas, unas frente a otras, arrastrando, tras ellas, a muchos. La idea de la soberanía del hombre blanco; la idea de la justicia del Cristianismo y el Islam; la idea bolchevique; la fascista … todas provocaron millones de víctimas aunque, frente a ellas, había otras ideas.
La cultura occidental presenta, hoy, al Islam un sustituto: la democracia, los derechos de las mujeres y a la diferencia; la educación que le permite al alumno pensar y elegir; desarrollo tecnológico; creación cultural independiente son ideas atractivas, muy aceptables. ¿ Cuál es su idea al respecto?
La casi última frase, la que dice que no estamos solos en ésta tierra ni tampoco los palestinos y que, ambas partes, deben reconocer las conclusiones comprometedoras por esa simple evidencia, no hay necesidad de aclarar.
Me recuerda que, en su maravilloso libro "Historia de Amor y Oscuridad",cita a Ephraim Avineri, diciendo: "No porque son un pueblo de asesinos, dispararemos sobre ellos (si aparecen para disparar contra nosotros), sino solo por el simple motivo que, también nosotros, tenemos derecho a vivir y por el simple motivo que, también nosotros, tenemos derecho a nuestra tierra. No solo ellos".
La escritora es jefa del Instituto de Investigación del Antisemitismo y dirige la Cátedra de Investigación de Antisemitismo y Racismo en la Universidad de Tel Aviv.
RESPUESTA A DINA PORAT
Amos Oz
15 de junio, 2010
No hay entre nosotros diferencias sobre la naturaleza delictiva de Hamas. Se trata de una organización violenta y cruel, que enarbola la aniquilación del Estado de Israel, aunque, últimamente, haya detenido el uso de armas de largo alcance, a condición que, Israel, salga de los territorios ocupados en el 67.
Escribí, en mi artículo, que Hamas se basa en una idea desesperada surgida de la desilusión continua de los palestinos. Ya hace veinte años que la mayoría de los palestinos y, la mayoría de sus líderes, están dispuestos a aceptar la solución de dos estados tomando en cuenta los límites del 67, acordando ciertas correcciones fronterizas mutuas.
Está, también, la propuesta de paz de la Liga Árabe, en la que se escribe que, el problema de los refugiados del 48, se resolverá en acuerdo mutuo.
Durante esos veinte años, Israel estableció en los territorios cientos de miles de colonos; controló una buena parte de las tierras de Cisjordania y declaró que, Jerusalem, no se dividiría jamás.
Israel no demanda, ni siquiera a los apropiadores. El Tribunal Supremo determinó que son ilegales y se asientan en una tierra mayor.
No sorprende que muchos palestinos (si no todos) se decepcionaran de cualquier concesión y adoptaran la idea cruel y asesina de Hamas, luchar contra Israel hasta su aniquilación.
Para que los palestinos moderados triunfen sobre Hamas -Y solo los palestinos moderados son capaces de triunfar sobre Hamas- debe Israel acordar sobre el levantamiento de un estado palestino independiente, según las normas aceptables hoy en todo el mundo: los límites del 67 con correcciones; dos capitales en Jerusalem; desalojo de los asentamientos y solución al problema de los refugiados en los límites de Palestina y no de Israel. Esa es la solución para mí y los compañeros que luchan por ello desde el 67. No creo que exista otra solución.
Con respecto a las palabras de Ephraim Avineri, que tanto nosotros como los palestinos merecemos una tierra, acuerdo con eso desde el día que tuve conciencia de razón. No hay necesidad de recordarme esas cosas simples y correctas.
The Times
17 de junio, 2010
Apoyen a Israel: Si cae, todos caemos
José María Aznar
El enojo, en relación a Gaza, es distracción. No podemos olvidar que, Israel, es el mejor aliado de Occidente en una región turbulenta.
Desde hace demasiado tiempo, está – en Europa - fuera de moda hablar a favor de Israel. Como consecuencia de los recientes incidentes, a bordo de un barco lleno de activistas anti-israelíes en el Mediterráneo, es difícil pensar en una causa menos popular para defender.
En un mundo ideal, el ataque - por parte de comandos israelíes- al Mavi Marmara no tendría que haber terminado con nueve muertos y heridos. En un mundo ideal, los soldados deberían de haber sido recibidos, de manera pacífica, en el barco. En un mundo ideal, ningún Estado, ni qué hablar de un aliado de Israel como Turquía, hubiera auspiciado y organizado una flotilla, cuyo solo propósito era crear una situación imposible para Israel: hacerlo elegir entre abandonar su política de seguridad y el bloqueo naval, o poner en riesgo la ira del mundo.
En nuestro trato con Israel debemos disipar las rojas brumas de ira que, con demasiada frecuencia, nublan nuestro juicio. Un enfoque razonable y equilibrado podría encapsular las siguientes realidades: primero, el Estado de Israel fue creado por una decisión de Naciones Unidas. Su legitimidad, por tanto, no debería estar en cuestión. Israel es una nación con instituciones democráticas profundamente arraigadas. Es una sociedad dinámica y abierta que se destacó, de manera reiterada, en cultura, ciencia y tecnología.
Segundo, debido a sus raíces, historia y valores, Israel es una nación occidental hecha y derecha. En verdad; es una nación occidental normal, aunque confrontada por circunstancias anormales.
Solo en Occidente es la única democracia cuya verdadera existencia fue cuestionada desde su creación. En primera instancia, fue atacada por sus vecinos, usando armas de guerra convencionales. Luego, enfrentó el terrorismo, culminando en, ola tras ola, ataques suicidas. Ahora, a instancias de islamistas radicales y simpatizantes, enfrenta una campaña de deslegitimación a través de la ley internacional y la diplomacia.
Sesenta y dos años después de su creación, Israel aún está luchando por su misma supervivencia. Castigado con misiles, que llueven de norte a sur, amenazado con la destrucción por un Irán que tiene, como objetivo, adquirir armas nucleares y presionado por amigos y enemigos, Israel parece que nunca tendrá un momento de paz.
Durante años, el foco de la atención de Occidente estuvo, de manera comprensible, sobre el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Pero, si hoy Israel está en peligro y, en su totalidad, la región está corriendo hacia un futuro preocupantemente problemático, no es debido a la falta de entendimiento entre las partes sobre cómo resolver este conflicto. Los parámetros de toda perspectiva de acuerdo de paz son claros. Sin embargo parecería difícil, para ambas partes, producir el empujón final hacia un acuerdo.
Sin embargo, las reales amenazas a la estabilidad regional deben buscarse en el incremento del islamismo radical que considera, la destrucción de Israel, como el cumplimiento de su destino religioso y, al mismo tiempo, en el caso de Irán, como una expresión de sus ambiciones de hegemonía radical. Ambos fenómenos son amenazas que afectan, no solo a Israel, sino – de manera más amplia - a Occidente y, al mundo en toda su extensión.
El núcleo del problema reside en la manera ambigua (y siempre errónea) en la que demasiados países occidentales reaccionan ante esa situación. Es fácil culpar a Israel por todos los males de Medio Oriente. Algunos, inclusive, actúan y hablan como si un nuevo entendimiento con el mundo musulmán pudiera ser alcanzado con el único requisito de sacrificar, en el altar, al Estado judío. Eso sería una locura.
Israel es nuestra primera línea de defensa en una región turbulenta que está constantemente en riesgo de descender al caos; una región vital para nuestra seguridad energética, que debe nuestra sobre dependencia al petróleo de Medio Oriente; una región que forma la primera línea en la lucha contra el extremismo. Si Israel se hunde, todos nos hundimos.
Defender el derecho de Israel a existir en paz, dentro de fronteras seguras, requiere de de un grado de claridad moral y estratégica que, con frecuencia, parece haber desaparecido en Europa. EEUU muestra preocupantes signos de dirigirse en la misma dirección.
Occidente está atravesando un período de confusión sobre el diseño del futuro del mundo. Esa confusión es causada por una clase de masoquistas, faltos de autoconfianza sobre su propia identidad; por reglas de corrección política; por un multiculturalismo que nos fuerza a ponernos de rodillas ante otros; y por un secularismo que, ironía de ironías, nos enceguece aun incluso cuando nos confrontamos con jihadis que promueven la encarnación más fanática de su fe.
Abandonar a Israel a su destino, en este momento tan trascendente, podría servir solo para ilustrar cuán profundo nos hundimos y cuán inexorable, parece, nuestra decadencia actual.
No debe permitirse que eso ocurra. Motivado por la necesidad de reconstruir nuestros valores occidentales, expresando profunda preocupación sobre la ola de agresión contra Israel y conscientes que, la fortaleza de Israel es nuestra fortaleza y que la debilidad de Israel es nuestra debilidad, decidí promover una nueva iniciativa de Amigos de Israel, con la ayuda de algunas personalidades destacadas que incluyen a David Trimble, Andrew Roberts, John Bolton, Alejandro Toledo (ex Presidente de Perú), Marcello Pera (filósofo y ex presidente del Senado italiano), Fiamma Nirenstein (autora y política italiana), el financiero Robert Agostinelli y el intelectual católico George Weigel.
No es nuestra intención defender ninguna política específica o a alguien particular del gobierno de Israel. Los auspiciantes de esta iniciativa, con seguridad, estarán – por momento - en descuerdo con las decisiones adoptadas por Jerusalén. Somos demócratas, y creemos en la diversidad.
Sin embargo, lo que nos compromete es nuestro inflexible apoyo el derecho de Israel a existir y a auto - defenderse. Que países occidentales apoyen a aquellos quienes cuestionan la legitimidad de Israel; que jueguen juegos en organismos internacionales respecto a cuestiones vitales de seguridad de Israel, que apacigüen a aquellos que se oponen a los valores occidentales, para esos países no es solo un grave error moral, sino una equivocación estratégica de primera magnitud.
Israel es parte fundamental de Occidente. Occidente es lo que es gracias a sus raíces judeo-cristianas. Si el elemento judío de aquellas raíces cae, entonces estamos perdidos. Nos guste o no, nuestro destino está inextricablemente entrelazado.
José María Aznar fue Primer Ministro de España, 1996-2004.
17 de junio, 2010
Decisión del Gabinete de Seguridad
(Comunicado del Asesor de Prensa del Primer Ministro)
Durante los últimos dos días, el Gabinete de Seguridad mantuvo una extensa discusión con respecto a los ajustes en la política de Israel en Gaza.
Fue acordado:
- Liberar el sistema por el cual los productos civiles ingresan a Gaza.
- Expandir la afluencia de materiales, para proyectos civiles, que se encuentran bajo supervisión internacional.
- Continuar los procedimientos existentes de seguridad para evitar la entrada de armas y material bélico.
El Gabinete decidirá, en los próximos días, otras medidas adicionales para implementar esa política.
Israel espera que la comunidad internacional trabaje para la inmediata liberación de Gilad Shalit.